SUPERSTICIONES

Las supersticiones, no fundamentadas o asentadas de manera irracional en el ser humano, pueden estar basadas en tradiciones populares, normalmente relacionadas con el pensamiento mágico. El supersticioso cree que ciertas acciones (voluntarias o no) tales como rezos, ensalmos, conjuros, hechizos, maldiciones u otros rituales, pueden influir de manera trascendental en su vida.

En algunas sociedades humanas se aprecia un proceso de decaimiento de las supersticiones. Sin embargo, este proceso no es lineal, como lo demuestra el auge que están teniendo la quiromancia y los exorcismos en Italia y Europa. Para el individuo supersticioso, la superstición cumple un papel positivo de estabilidad para la psiquis, por medio de los mecanismos de defensa.

Se consideran supersticiones aquellas disciplinas que la comunidad científica llama pseudociencias, tales como:

El curanderismo
La magia
La adivinación
La astrología
la quiromancia
La cartomancia
El tarot
La geomancia
El feng-shui
El espiritismo.

Lo que distingue a las supersticiones de la sabiduría y el sentido común es que se afirma una relación causal entre los acontecimientos debido a fuerzas supranormales:
Destino,
Poder invisible de los astros,
Poder invisible de los ritos mágicos,
Poder invisible de los espíritus, etc.



Supersticiones contra el mal o la mala suerte
Determinadas acciones son tradicionalmente consideradas como conjuros o actos contra el mal, los malos espíritus, las brujas y la mala suerte, y se realizan para protegerse, desviarlos, evitarlos o rechazarlos:

Poseer amuletos u objetos que protegen de la mala suerte o de las brujas, como llevar siempre una castaña recogida el día o la Noche de San Juan.
Echar sal detrás del hombro, para aplacar a los malos espíritus que están tras la persona.
Tocar un objeto de madera al oír algo que se considera inauspicioso, pues algunas culturas creen que poseen propiedades mágicas o se puede pedir un deseo.
Tener en el hogar un altar con estampitas de santos y vírgenes.
Encender una vela a un santo, en una iglesia católica o en el hogar.
Hacer una "limpieza" mediante magia blanca con una bruja o curandera.
Golpear ligeramente las copas antes de beber su contenido, espanta a los malos espíritus y evita que entren al momento de abrir la boca.